Mi estrella

Y llegaste aquella mañana de sábado. . . . luminoso, el  mundo cambio para mi ese día. . . .  ya no era yo, . . .  sola que iba, venia, decidía,  de repente tome conciencia plena de la responsabilidad que era haberte traído a este mundo. . . .
No soy una mama perfecta, soy muy  , muy, muy exigente, de carácter difícil, terca, obstinada, pero te juro mi amor, que daria mi vida por ti. . .  que  me siento tan orgullosa de ser tu mama, de verte crecer, hacerte mujer, y - - - una mujer de bien. . . . . mi pequeña estrellita, que todos los dias me da una lección diferente,. . .  tantos recuerdos, tantos momentos juntas, noches estando contigo, porque la fiebre te subia y temblabas como vara verde, . . .  tus nervios,y esa necesidad de que sea mami, la que estuviera contigo. . .  tu  tirando todo una fila de detergentes en el super. . .  desfilando en primavera, tu y tus autenticos te amo. . . . .
Recuerdo, que eras muy chiquita,  ibamos   a un juzgado  , y te paraste delante de una viejita, que pedia monedas en la calle, . .  te paraste, y me dijiste, " porque mama, tienen que estar en la calle pidiendo???", y les distes las monedas que llevabas. . . .  tu y ese gran sentido de soliradidad. . .  tu mi amor, que te llevaste el ultimo te quiero de mi mama. . . a la unica que conocio. . . . tu mi princesa hermosa. . . . .
Mi regalo. . . . . algo que leia mucho, cuando te llevaba  conmigo en mi panza. . . .
te amo mi vida. . .  . muchoo, y deseo, tantas cosas lindas . . . . .  que la vida te llene de luz,

CARTA PARA VERONICA

Por si no estoy cuando ya
sepas leer con los ojos y con
el corazón al mismo tiempo.
Cuando te miro, Verónica, tan chiquita, tan redonda, con tu pelito de seda, haciendo morisquetas frente al espejo, soy feliz... y tengo miedo.
Porque el miedo es un raro ingrediente de la felicidad, sobre todo de esta felicidad mía tan pulida, tan dulce, tan nueva.
Ahora no lo entiendes, claro, tienes nada mas que un año, un añito que pregonas con tu índice en alto y una sonrisa de solo seis dientitos de conejo.
Ahora tu mundo se reduce a los pajaritos de cartulina que papá colgó del techo de tu cuarto y el aire mueve constantemente para tu asombro y tu alegría. y a la muñeca que buscando tu amistad solo encontró que te diviertas tirándola al suelo desde tu cuna. Y al muñeco de celuloide pintado de rosa que tiene campanas en la barriga y suena a gloria cuando lo mueves.
Ah . . . tu mundo . . . tu mundo de sopa, de puré, de torpes balbuceos, de rodillas sucias de gatear por el piso, de chupetes, de pañales, de agua tomada con bombilla y verdaderas proezas para sacarle las perillas al televisor. Es un mundo chiquito, vigilado, seguro, con olor a colonia para bebes.
Un mundo que cabe en la palma de tu mano gorda.
Yo estoy en ese mundo, soy una enamorada de ese mundo. Sí, Verónica, ahora mamá esta. Lloras de noche y corre a tu cuarto, te acaricia la cabeza, te dice que vuelvas a dormite.
Mamá ya te conoce bien, sabe todo lo que te gusta y lo que no te gusta, y cuando pone sus ojos sobre ti, te estudia, te analiza, trata de comprenderte, de aprender cual es el camino que llega a tu corazón, para transitar siempre por el.
Y ese es mi miedo.
Hoy estoy aquí, tan cerca de ti, pensando la manera de hacerte feliz, segura de que a mi lado encontraras la dicha. Pero . . . si me muero antes de que seas grande? Y si me muero antes de poder responder a todas tus preguntas, antes de poder aclarar tus dudas, antes de poder secar las lágrimas de tus primeras desilusiones, esas que duelen tanto?
No, no tengo que morirme, no quiero.
Pero si me muero, quiero dejarte entre muchas cosas ( mi vida, mis sueños, mi inmenso amor por ti) una carta para que la leas con los ojos y con el corazón al mismo tiempo. Y sientas que estoy a tu lado, que estirando la mano puedes tocarme en el aire y afinando el oído puedes escuchar mi voz y mi risa (porque por sobre todas las cosas quiero que te acuerdes de mi risa . . . )

Verónica, gorrión, esta es la carta:
"A tu alrededor hay un mundo con todo lo que conoces, con todo lo que amas.
Mas allá, un mundo grande, bello y peligroso, donde te espera todo lo que te hará mujer: el amor, el hombre, la decepción, la angustia, el llanto, la felicidad.
Para entrar a ese mundo no uses cabalas, no cierres los ojos, pero tampoco los abras con la intención de ver todo lo malo, lo negativo, lo gris.
No cierres tu corazón con siete llaves . . . pero tampoco lo dejes sin ninguna cerradura.
No te guardes todo, pero no lo des todo.
No pienses que los caminos son fáciles y te lances a andar con los pies desnudos, las manos abiertas y los ojos lavados con el agua de los arroyos limpios.
Tienes que llevar algo para el viaje, para cualquier viaje que emprendas; un equipaje sencillo y necesario que te ayude y te proteja: la pequeña armadura de tu voluntad para recuperarte de las caídas, así ninguno de los golpes que recibas llegara a romper tu fe; la ternura, porque con la ternura se curan los pajaritos enfermos, se hace reír a los niños y se llena de alegría el corazón de los que queremos.
Y lleva amor, mucho amor, para los que te amen y para los que te odien.
Porque alguien te va a odiar, no sé quien y no sé por que . . . alguien te va a odiar sin motivos para odiarte, y el que odia, Verónica, no es malo . . . solamente esta enfermo.
Recuerda que en tu mundo viejo y en tu camino nuevo tienes un amigo.
Es un hombre que te conoce desde que naciste.
Es un hombre que te quiere mas que a sí mismo y, aun no comprendiéndote, aun equivocado, siempre va a buscar lo mejor para ti, te va a proteger, te va a ayudar.
Un hombre que hará por ti lo que sea necesario hacer y más!
Un hombre que busca tu luz para iluminarse y busca tu risa para sentir que la vida no se ha vivido en vano.
Un hombre que cuando eras chiquita te compro unos pajaritos de cartulina blanca y negra y los colgó del techo de tu cuarto con hilo de coser. Papá. Tu papá, Verónica.
Puede ser que lo encuentres muy severo o demasiado intransigente . . . pero si tienes algún problema acércate a el y díselo.
No hallaras mejor amigo que quien ha pasado noches en vela cuando estabas enferma y rezo por ti cuando ya había olvidado las palabras de las plegarias, y lloro de emoción la primera vez que lo llamaste "papá".
Y, al fin, no quiero engañarte, decirte que te dejo en un mundo de rosas, ruiseñores y todas cosas bellas. . . Pero tu puedes hacer que tu corazón las invente y cuando lo lastime una espina, sepa que detrás de la espina esta el maravilloso milagro de una flor.

"Tu mamá"

del libro: "Cartas para Verónica"

Comentarios

  1. Anónimo, todas las madres son dignas, aun aquellas, que han tenido que dejar sus hijos, darlos en adopción, etc. . .

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