Nos acostumbramos. . . . . .
Nos acostumbramos a vivir en pisos y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor; y porque no se tiene vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera. Y porque no miramos para afuera, luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Y porque no abrimos del todo las cortinas, luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz. Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud… Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde. A tomarnos el café corriendo, porque vamos atrasados; acostumbramos a no mirar para afuera; a leer el periódico en el autobús porque no podemos perder tiempo; a comer un bocadillo porque no tenemos tiempo para almorzar; a salir del trabajo ya de noche; a dormir en el autobús porque estamos cansados; a cenar rápido y dormir pesadamente sin haber vivido el día. Nos acostumbramos a pensar que las personas cercanas a nosotros estarán siempre ahí y a creer...